Poderes psíquicos: Wolf Messing, el vidente de Stalin

A mediados del siglo XX un hombre llamado Wolf Messing asombró a toda Europa con unos supuestos poderes psíquicos tan extraordinarios que líderes como Hitler y Stalin rivalizaron por hacerse con sus servicios. Aunque su historia está plagada de datos difíciles de verificar, todos coinciden en poner de relieve el enigmático talento para el control mental que poseía. Ésta es una aproximación a su vida y su figura.

Ésta es una historia extraña, uno de esos episodios en los que nadie se atreve a decretar sin género de duda la veracidad o falsedad de los acontecimientos. Tal fue la delgada línea en la que vivió Wolf Messing, paragnosta, vidente y mentalista sin igual, para unos, y mero superviviente de su época, para otros. Sin embargo, en lo que todos coinciden es en su excepcional talento para el control mental. No en vano Messing tuvo que emplear sus cualidades de mentalista para no caer prisionero de los nazis, primero, y de los soviéticos, después. Todos deseosos de hacerse con sus servicios, con los poderes que tanta fama le otorgaron y que llevaron a decretar sobre su vida un secreto militar que solo en fechas cercanas ha sido levantado.

Niño prodigio

La historia del increíble don de Messing comenzó casi en el mismo instante de su llegada al mundo en la pequeña localidad polaca de GoraKavaleriya, cerca de Varsovia, el 10 de septiembre de 1899. Hijo de una paupérrima familia de agricultores, ya en la escuela se caracterizó por contar con una gran agilidad mental, gracias a la cual lograba memorizar casi instantáneamente las largas oraciones con las que se iniciaban y finalizaban las clases. Pero no solo destacó por su memoria, sino también por un carácter tan inquieto que provocó que huyera de la escuela con solo once años cogiendo un tren rumbo a Berlín. En aquel tiempo dos eran las ciudades que rivalizaban por convertirse en la capital cultural europea: París y la citada Berlín, donde personajes como Albert Einstein, Marcel Proust y Sigmund Freud acaparaban las conversaciones en los cafés y los centros sociales. Y allí se dirigía el joven Messing, desconociendo la gran repercusión que aquel mero trayecto de tren tendría en su futuro, pues originó la primera de las fabulosas historias que de él se han recogido. Porque se cuenta que, para no ser sorprendido sin billete, el niño Messing se ocultó debajo de un asiento con tan mala fortuna que el revisor le localizó enseguida y le requirió el pasaje. A medida que pasaban los segundos de espera el revisor iba enojándose más y más, hasta que el muchacho sacó un simple papel de su bolsillo y mirando fijamente al hombre le dijo que era el billete. Este lo cogió sin apartar sus ojos de los de Messing, miró el papel y lo dio como válido. Incluso preguntó al chico por qué se encontraba en el suelo poseyendo un pasaje en regla. ¿Conocía Messing sus facultades como mentalista y las aprovechó? Se desconoce, principalmente porque casi todo lo que sabemos de estos primeros años procede de las propias declaraciones que Wolf Messing realizó a los periodistas que le entrevistaron siendo ya famoso, con lo que sus críticos afirman que quizá él mismo mintiera o exagerara para engrandecer aún más su figura. Y es que no debemos olvidar que nos encontramos en las primeras décadas del siglo XX, cuando los espectáculos de magia e ilusionismo, como se decía en la época, copaban los principales escenarios europeos. Lejos quedaban ya los burdos, pero efectivos, trucos de personajes como John Henry Pepper, químico analítico, en cuyo show, denominado “Espectáculo de fantasmas”, provocaba la aparición de espectros en el escenario gracias a un juego de luces y espejos ocultos. Era el momento de grandes como Houdini o Daniel Dunglas Home, un escocés que lograba levitar a varios metros del suelo ante la atónita mirada de los espectadores. Y también lo era del propio Messing, quien a los 16 años, tras malvivir durante una época como faquir, desarrolló su propio espectáculo, en el que adivinaba el pasado de los presentes, así como los objetos que algunos portaban en sus bolsillos y carteras. Los números de Messing no eran novedosos, pero sí la perfección con la que los efectuaba, hasta el punto de que tras una de esas sesiones recibió la invitación del propio Albert Einstein para asistir a su casa en compañía de otro ilustre, Sigmund Freud.

Entre dos líderes

Por aquel entonces la investigación psíquica estaba en pleno auge y las increíbles cualidades de Messing invitaban a realizar un estudio sobre ellas. Según cuenta el propio Messing en su libro Sobre mí, Freud lo invitó a entrar en estado de trance, durante el cual debía captar una orden que el creador del psicoanálisis le enviaría mentalmente. “Aún recuerdo claramente aquella orden: ‘Ve al baño, busca unas tijeras y corta de la exuberante barba de Einstein solamente tres pelos’”, relata en su autobiografía el propio Messing. Y así lo hizo, ante la atónita mirada de sus dos invitados, especialmente de Freud, intrigado ya por entonces por los secretos de la psique humana. Durante los años siguientes el mentalista polaco realizó varias giras por Europa, entreteniendo a un público necesitado de alegría tras el horror de la I Guerra Mundial. Messing seguía adivinando el pasado de los presentes y era capaz de conducir vehículos con los ojos tapados, según decía, siguiendo las directrices que los espectadores le envíaban mentalmente. Y todo hubiera continuado igual si no fuese porque una noche de 1937, en un teatro de Varsovia, Messing realizó el siguiente vaticinio: “Hitler encontrará la muerte si decide invadir con sus tropas el Este”. ¿Fue aquella una auténtica premonición o simplemente un producto de los conocimientos sobre política del vidente? En su favor hay que argumentar que, efectivamente, Hitler invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939, y en su contra, que en 1937 ya se comentaba la posibilidad de un pacto de no agresión entre la URSS y Alemania que permitiría que Polonia fuese víctima de la codicia de ambas naciones. Sin embargo, aunque así fuera, nada hacía presagiar que la invasión supondría el final de Hitler, y mucho menos su muerte. Sea como fuere, el vaticinio se produjo dos años antes de la invasión y soliviantó tanto los ánimos del führer que Messing fue declarado persona non grata. Se ofreció una recompensa de 200.000 marcos, una enorme cifra para la época, a quien lo entregase vivo. Para los estudiosos de su figura, el auténtico interés de Hitler por el polaco no era ajusticiarlo, sino tenerlo prisionero para aprovecharse de sus poderes, como ya había hecho años atrás con Erik jan Hanussen (MÁS ALLÁ, 10 y 201), otro afamado mentalista que alternaba sus actuaciones en el teatro berlinés Scala con clases privadas de ocultismo para sus seguidores más selectos, entre los que se encontraban integrantes de la más alta jerarquía nazi. Seguramente Messing conocía aquella historia, y también el final que tuvo Hanussen, quien fue encontrado muerto en medio de un bosque tras haber sido devorado por las alimañas, por lo que decidió huir a la URSS, único país que en aquellos años podía protegerle de la ira nazi. Una vez allí logró el amparo de las autoridades, que le permitieron continuar con su espectáculo hasta que una noche varios agentes de la agencia secreta NKVD –precursora del KGB– solicitaron sus servicios. Por declaraciones que años más tarde realizaría su entonces ayudante en el escenario, Valentina Ivanóvskaya, era el propio Stalin quien lo llamaba a su presencia, cautivado por su fama e intrigado por la forma en la que ese hombre menudo podría ayudar a la Unión Soviética.

    Fuente: http://www.masalladelaciencia.es/poderes-psiquicos-wolf-messing-el-vidente-de-stalin_id32350/wolf-messing-el-vidente-de-stalin_id1379111

    Hospital Ochagavía (Elefante Blanco)

    El Hospital de Ochagavía es un edificio inconcluso ubicado en la intersección de las calles Club Hípico y la Marina, en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, Santiago de Chile. Este hospital sería el más grande y moderno de Latinoamerica en su época, con 84.000 metros cuadrados costruidos. La obra quedó inconclusa a causa del golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

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    Las 10 mejores fotos de fantasmas

    La figura que juega con las puertas de incendios

    El diario británico ‘The Sun’ ha publicado las que considera que son las diez mejores apariciones de fantasmas captadas por una cámara, como esta imagen. En ella se ve claramente a una persona con un abrigo largo saliendo por una puerta. Sin embargo, cuando los trabajadores del Palacio de Justicia de Hampton vieron la foto en 2003, aseguraron que la antigua casa de Enrique VIII estaba encantada. Antes de ver la imagen, los agentes de seguridad oyeron las alarmas sonar cerca de la sala de exhibiciones, indicando que las puertas de incendios se habían abierto. Pero más tarde descubrieron que estaban cerradas. Las cámaras de seguridad mostraban como las pesadas puertas se abrían solas, sin nadie allí, hasta que de repente una figura con un abrigo largo aparecía las cerraba de golpe. Los guardias dicen que lo mismo ocurrió a la una de la tade el día anterior. Unos turistas australianos, afiormaron haver visto el mismo fantasma tiempo después. Foto: The Sun

    Una misteriosa invitada en la boda

    Un buen susto se llevó Jordan Martin, de 20 años, cuando vio las fotos que había tomado durante una boda en Gloucershire (Inglaterra), en agosto de 2008. Después de revelar las instantáneas, vio en una de ellas la misteriosa imagen de una mujer, de la que se percibía su cabeza y torso flotando a pocos centímetros del suelo. Foto: The Sun

    ¿Green Lady en las escaleras?

    En marzo de 2008, un niño de 14 años, Connor Bond, tomó esta instantánea en el castillo Tulloch, en la localidad de Dingwall (Escocia), famoso por sus presencias paranormales. Connor retrató su visita al castillo junto a su familia y no vio el espectro hasta que descargó las fotografías en su ordenador. Fue entonces cuando vio una misteriosa figura de la que se distinguía una mano apoyada en la barandilla de la escalera. El castillo Tulloch tiene más de ocho siglos de antigüedad y tiene también una larga historia en cuanto a lo que apariciones paranormales se refiere. Su inquilina más famosa es Green Lady, que ha sido vista por varias personas. Dicen que es el fantasma de Elizabeth Davidson, cuya familia fue propietaria del castillo. Foto: The Sun

    El fantasma del castillo

    Esta fotografía dejó perplejos a los expertos en mayo de 2008. Fue tomada en el castillo Tantallon, al este de Escocia, por uno de sus visitantes. En ella puede verse a una persona mirando tras las rejas de una de las ventanas. Lo curioso es que en el castillo no hay maniquís o empleados trabajando. Además, los expertos aseguran que la foto no está retocada digitalmente. Foto: The Sun

    La joven de la ventana

    Una joven pálida aparece en una fotografía tomada en el castillo de Gwrych en Abergele, en en norte de Gales, en Inglaterra. Se trata de un castillo considerado como uno de los ‘más encantados’ de toda Gran Bretaña por su actividad paranormal. Kevin Horkin, que hizo la foto, no vio la figura fantasmal cuando descargó la foto en su ordenador. Según los expertos, podría tratarse del espíritu de Winifred Cochrane, condesa de Dundonald, que heredó el castillo, construido en 1819, y que está abandonado desde 1985. Harry Moffitt, fotógrafo de 76 años, está convencido de que el fantasma pertenece a una de las criadas, que falleció al caerse de un caballo. Moffitt tuvo un misterioso encuentro con ella cuando visitó el castillo hace 60 años. Kevin Horkin, por su parte, dice: “Advertí que había una figura bastante tiempo después. La tarima de debajo de la ventana se pudrió hace años, por lo que es imposible que alguien pueda estar allí”. Foto: The Sun

    ¿Un antiguo sacerdote?

    Una turista rusa, Olga Chkalova, visitó la catedral de San Pablo, en Londres, en abril de 2008. Durante una misa, tomó algunas fotos y, al revelarlas, pudo ver una fantasmagórica imagen. Está convencida de que la borrosa aparición en el medio de la instantánea, caminando entre los bancos, pertenece al fantasma de un sacerdote del siglo XVI. Olga afirma: ‘Por supuesto que es un fantasma. No había nadie delante mía cuando tomé la foto’. Foto: The Sun

    ¿Sobreimpresión o el fantasma de un niño?

    Shannon D’Arcy quería tomar una foto de una vaca pastando detrás de su casa en un pueblo de Somerset, al sur de Inglaterra. Después, guardó la cámara en un cajón. Años después, cuando reveló la fotografía, pudo ver la imagen de un niño en ella. Nadie de su familia reconoce al chico y Shannon asegura que no se encontraba allí en el momento que tomó la foto. Más tarde descubrió que dos hermanos habían muerto en un incendio en una casa cercana a finales del siglo XIX. Expertos en fotografía, sin embargo, aseguran que se trara de una sobreimpresión. Foto: The Sun

    Una sombra misteriosa

    Una sombra planea entre los viandantes de una calle de Chile. La imagen fue captada en junio de 2009. Dicen que se trata del fantasma de un niño. Foto: The Sun

    Un extraño cliente en el pub

    Captada por Andy Willett y dos amigos en febrero de 2009, esta extraña fotografía fue tomada en un pub en el condado inglés de Staffs. Junto a la luz, se ve ligeramente una especie de espectro que muchos asemejan con un cowboy acercándose a la barra. Foto: The Sun

    La extraña figura de Yorkshire

    En marzo de 2009, Colin Foster, de 34 años, tomó esta fotografía en Yorkshire. No percibió nada extraño en ese momento, pero al volver de su viaje y revisar las instantánas notó algo raro. Al utilizar el zoom en una de ellas, percibió una fantasmagórica figura. Foster afirma que cuando tomó la foto se sintió como si alguien le estuviese observando, pero se le quitó la idea de la cabeza al encontrarse en un lugar tan remoto y solitario. Foto: The Sun

    Fuente: http://www.telecinco.es

    Fotos The Sun

    Un niño de tres años vuelve a la vida después de ver a su “abuela en el cielo”

    Paul Eicke tiene tres años y, a su corta edad, ha pasado por una experiencia sobrenatural. El pequeño se cayó en un estanque y estuvo clínicamente muerto durante tres horas en las que su corazón dejó de funcionar. Pero volvió a la vida y cuenta que vio a su bisabuela en el cielo.

    Según el Dailymail.com, Paul permaneció en el estanque de la casa de sus abuelos durante varios minutos antes de que su abuelo le viera y lo sacara. Su padre le dio un masaje cardíaco durante unos diez minutos hasta que llegó el helicóptero que lo llevó al hospital.

    Los paramédicos tomaron el relevo y los médicos, en el hospital, trataron de resucitarlo durante horas. Se acababan de rendir después de tres horas y 18 minutos cuando el corazón de Paul empezó a latir de nuevo de forma espontánea. El profesor Lotear Schweigerer, director del hospital, señala que “nunca tuve una experiencia como esta. Cuando los niños permanecen bajo el agua durante algunos minutos, la mayoría no lo supera. Es un caso extraordinario”.

    El niño dice que, mientras estuvo inconsciente, vio a su bisabuela Emmi, que le hizo volver por una puerta y le urgió a volver con sus padres. Paul dice que “había un montón de luz y yo estaba flotando. Pasé por una puerta y vi a la abuela Emmi en el otro lado. Me dijo. ‘¿Qué estás hacienda aquí Paul? Debes volver con mama y papa. Te esperaré aquí”.

    “Sabía que estaba en el cielo. Pero la abuela me dijo que tenía que volver a casa. Me dijo que yo debería volver rápidamente. El cielo estaba bien. Pero estoy contento de estar de vuelta con mamá y papá”. Paul está de vuelta en su casa de Alemania y no parece tener síntomas de daños cerebrales.

    Estadísticas de EEUU señalan que la mayoría de niños que sobreviven a los ahogamientos (92%) son rescatados en los dos minutos siguientes a la inmersión. Casi todos los que requieren resucitación cardiopulmonar mueren o tienen graves daños cerebrales. Pero el agua del estanque era muy fría y la temperatura del corazón del niño era de 28 grados comparados con los normales 37 grados. Los frías temperaturas ralentizan el metabolismo, lo que significa que el cuerpo puede sobrevivir más tiempo sin oxígeno.

    El profesor Schweigerer indica que “mis médicos estaban a punto de decir ‘no podemos hacer nada más’ después de dos horas de comprensión toráfica ya que las posibilidades de supervivencia no existían y el pequeño debía de estar cerebralmente muerto. Pero, de repente, su corazón empezó a funcionar de nuevo. Fue un milagro fantástico”.

    Fuente: http://www.telecinco.es

    http://www.dailymail.co.uk/news/article-1267061/Clinically-dead-boy-saw-grandmother-Heaven.html

    La Momia de Lenin

    Desde 1992, tras la desintegración de la Unión Soviética, el Estado dejó de financiar los trabajos para preservar incorrupta la momia de Lenin y que los gastos son sufragados por organizaciones sociales y fondos científicos. Denísov-Nikolski señala que la momia “está en buen estado”. Todos los años, los restos momificados de Lenin se someten durante dos meses a una serie de procedimientos químicos y biológicos para garantizar que permanezca incorruptible.

    Fragmento de artículo de http://www.publico.es

    Cuando a finales de marzo de 1924 los profesores Vorobiov y Zbarski sumergieron por primera vez el cadáver de Lenin en una viscosa mezcla de glicerina y acetato de potasio, pocos imaginaban que aquella momia de carne y hueso sobreviviría incorrupta a la descomposición de su propio régimen, acaecida el 25 de diciembre de 1991, hace justo una década. Transcurridos 78 años de la muerte del fundador de la Unión Soviética, sólo exiguas comparsas de nostálgicos y de turistas morbosos alimentan hoy un culto que durante medio siglo adquirió dimensiones faraónicas y convirtió el mausoleo de la Plaza Roja en la meca del comunismo, con más de un millón de visitantes al año (unos 3.000 al día), según datos de la prensa soviética de 1940. “Recuerdo que la primera vez que toqué el cuerpo de Lenin sentí cierta repulsión. No me hallaba ante un mero cadáver. Era una figura sagrada e idolatrada por todos”, asegura el académico Ilia Zbarski.

    Codo a codo con su padre y el profesor Vorobiov, Zbarski manipuló con sus propias manos el cadáver de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, durante 18 años, lo embadurnó periódicamente de pies a cabeza con el bálsamo secreto y estuvo a su lado en su exilio siberiano durante la invasión alemana.

    Último superviviente de aquel equipo original de embalsamadores, Zbarski sigue a sus 88 años al servicio de la ciencia como consejero adjunto del Instituto de Biología Kolsov, al que acude en metro dos días por semana desde la otra punta de Moscú. Encerrado en su lúgubre laboratorio, Zbarski recuerda aquellos años junto a la momia, tiempos difíciles en los que el mínimo error se pagaba con la vida. “Entré como asistente del mausoleo cuando tenía 21 años, en 1934, un año antes de graduarme en Fisiología. Aquello suponía una responsabilidad enorme, aunque con el tiempo se convirtió en algo rutinario”.

    Mientras disecciona su pasado, Zbarski se aprieta los dedos rollizos de su mano derecha, que parecen contagiados de la eterna juventud que insufló a la momia. “En 1924, mi padre consiguió que Dzerzhinski lo recibiera en su despacho”, relata. Felix Dzerzhinski, fundador de la siniestra policía secreta soviética y cabeza de la Comisión Funeraria encargada de los restos del líder soviético, interrogó desesperado a Boris Zbarski. “¿Qué hacemos con Lenin?”, le inquirió escéptico. Pese a la oposición de Trotski, Bujarin y Kamenev, Stalin se había empeñado en conservar el cuerpo del ideólogo. Sin embargo, habían transcurrido ya más de tres meses desde su deceso y el bálsamo ordinario que el profesor Abrikossov utilizó para preservar provisionalmente el cadáver (inyectando en la aorta seis litros de alcohol, formol y glicerina) no daba más de sí. El rostro de Lenin se resquebrajaba ante la mirada de los miles de soviéticos que confluían a diario en la Sala de las Columnas para despedir a quien siete años antes había encabezado la insurrección que llevó a los bolcheviques al poder y que fundó la Unión Soviética en 1922 tras una cruenta guerra civil cuyo triunfo apenas pudo saborear.

    Lúgubre sótano.

    Pese a los riesgos de un posible fracaso, el padre de Ilia Zbarski dijo estar dispuesto a cargar con el muerto. Le aseguró a Dzerzhinski que los reactivos creados por su amigo el profesor Vorobiov, catedrático de Medicina en la Universidad de Jarkov (Ucrania), frenarían en seco la putrefacción de los tejidos. La idea de congelar el cadáver como un mamut, planteada por el mandatario bolchevique Krassin, había engatusado desde el primer momento a Dzerzhinski.

    Sin embargo, la fábrica alemana encargada de montar el sistema de refrigeración sufrió un retraso fatal. El dios ateo se corrompía como un simple mortal y Dzerzhinski tuvo que aceptar la propuesta de Zbarski y Vorobiov, que se consagraron en cuerpo y alma a embalsamar a contrarreloj al padre de la Revolución en un lúgubre sótano, bajo un mausoleo provisional. En las primeras sesiones le extrajeron los pulmones, el hígado y el bazo, tras lo cual se lavó por completo la caja torácica. “Con el permiso previo del Partido, se le practicaron incisiones por todo el cuerpo, en el vientre, en los hombros, en las piernas, en la espalda y en las palmas de las manos, para que el bálsamo penetrara y saturase bien todo el cuerpo”, explica Zbarski. Sólo después sumergieron a Lenin en una bañera de caucho colmada del elixir secreto. “La solución estaba compuesta en su mayoría de glicerina y acetato de potasio, agua y cloro de quinina”, afirma Zbarski con la familiaridad de quien revela la receta de una sopa borsch, la típica que se toma en los hogares rusos. “La fórmula ya había sido propuesta en el siglo XIX por el científico Mielnikov-Rasviedionkov en sus preparados anatómicos”, apunta con modestia.

    El tiempo parece detenido en su austero laboratorio. Archivadores de madera, dos teléfonos de plástico y una inquietante nevera roma donde dice conservar sus productos químicos se apilan junto a la ventana. Afuera nieva con fuerza. Una foto en blanco y negro del núcleo de una célula cuelga entre libros acartonados y matraces milimetrados que parecen medir ya sólo el polvo que les cae dentro. Frente a un lavabo carcomido por el óxido revolotea el salvapantallas de un ordenador que nos devuelve de súbito al siglo XXI.

    En el laboratorio que se adosó en 1939 al mausoleo de granito rojo (que sustituyó en 1929 a uno madera de pino levantado cinco años antes), los Zbarski ensayaron el bálsamo en cadáveres anónimos y trataron a la momia bajo la atenta mirada de informadores del NKVD (luego KGB). La atmósfera nada tenía que envidiar a las películas coetáneas sobre científicos locos rodadas en los estudios americanos de la Universal con Bela Lugosi y Boris Karloff. “Tres o cuatro veces a la semana le aplicábamos el líquido en la cara y en las manos, y una vez al año el mausoleo cerraba durante mes y medio para poder sumergir el cuerpo en el baño e impregnarlo con el preparado químico”, prosigue escondido tras sus aparatosas gafas de pasta.

    Aunque el método se conserva hoy sin apenas modificaciones, éste ha pasado de ser “secreto de Estado” a “secreto comercial”. En 1992, el entonces presidente Boris Yeltsin cerró el grifo de la glicerina, lo que obligó al actual equipo de embalsamadores a buscar otras fuentes de ingresos. En la última década, los científicos del mausoleo no sólo han adoctrinado a personal extranjero, sino que han creado una compañía llamada Ritual donde reconstruyen y embalsaman los cadáveres desfigurados de nuevos ricos a razón de 12.020 euros (dos millones de pesetas) por semana de trabajo.

    Los clientes habituales de esta peculiar cirugía estética de ultratumba, muy de moda en los años 90, fueron mafiosos asesinados en sangrientos ajustes de cuentas. En 1995 el laboratorio percibió 1.141.922 euros (190 millones de pesetas) de las autoridades de Corea del Norte por embalsamar a su líder Kim Il Sung. Además de Lenin, por las manos de Ilia Zbarski pasaron en los años 40 las momias de Gueorgui Dimitrov, líder comunista búlgaro, y de Choybalsan, jefe de la república socialista de Mongolia.

    Acusado.

    Sin embargo, en 1952 su brillante trayectoria de embalsamador se frenó en seco. Aquel año, su padre fue arrestado por el KGB bajo la alucinante acusación de ser “espía alemán” y “nacionalista judío”. Ilia tuvo que dejar el mausoleo. Encerrado por voluntad propia desde entonces en su cripta-laboratorio del Instituto Kolsov, el académico se consagró a la biología molecular, sobre la que ha publicado más de 400 estudios. Desde que se separó de la momia del líder soviético, ha visitado un par de veces el mausoleo y asegura que su aspecto no ha cambiado. “Aunque no existe nada eterno”, puntualiza.

    Desde el fin de la saga Zbarski, la momia ha sobrevivido a todos sus cuidadores, que se han ido sucediendo al frente del laboratorio. “Después de Bordashov vino Uskov y después Debov, que fue mi pupilo. Valeri Bíkov, ex ministro de Industria Médica y actual director del Instituto de Hierbas Medicinales, se nombró a sí mismo director tras la muerte de Debov”, relata Zbarski con cierto rencor hacia los actuales guardianes. Mientras señala sus fotografías ayudándose de un lápiz afilado con cuchilla, Zbarski rememora cómo la momia les metió un día el susto en el cuerpo. “En una ocasión aparecieron unas manchas negras sobre el cadáver. Sabíamos cómo combatir hongos verdes y blancos, pero aquel moho era negro y no supimos qué hacer”, relata. “Sin desvelar su procedencia, mandamos una muestra al Instituto de Microbiología. Nos dijeron que sólo podía eliminarse quemándolo o aplicándole ácido sulfúrico. Finalmente lo erradicamos con nuestros propios métodos de desinfección”.

    Al visitante que se adentra por primera vez en el oscuro mausoleo le sorprende el rubor que recubre las mejillas de Lenin, lustre que contrasta con el aspecto macilento que el sumo bolchevique presenta en sus últimas fotografías de 1923, cuando la parálisis progresiva le había petrificado ya la pierna y el brazo derechos (lo que explica que la momia tenga un puño cerrado). “Para vencer la delgadez exagerada rellenamos los tejidos y blanqueamos la piel”, revela Zbarski, que explica cómo la “palidez amarilla” del cadáver fue eclipsada por unos filtros luminosos de color rosa aplicados a unos focos que aún hoy apuntan a las manos y al rostro de Lenin. “Así se logra crear la impresión de que duerme”, sentencia el científico. La sustitución de los ojos por bolas de cristal para no pronunciar las cuencas vacías contribuyó desde el día de su muerte a preservar la identidad facial de Lenin, cuyos labios fueron cosidos por debajo del bigote. El paso del tiempo y la consiguiente evolución de la moda derivó en un drástico cambio de imagen en 1961, cuando su familiar guerrera fue sustituida por un traje negro que cada dos años le renueva la sastrería oficial del Kremlin. Ese mismo año la momia de Stalin fue sacada del mausoleo y enterrada en la muralla del Kremlin tras compartir alcoba con Lenin durante ocho años.

    A salvo de los nazis.

    El 22 de junio de 1941, Hitler lanzó su Operación Barbarroja y Stalin decidió poner el cuerpo del camarada a buen recaudo, al otro lado de los montes Urales, en la localidad siberiana de Tiumen. Durante 17 años los Zbarski habían preservado al bello durmiente de los gusanos, y ahora les tocaba hacerlo de los nazis. Vorobiov había muerto misteriosamente en 1937 tras ser operado innecesariamente de una dolencia en el riñón, y el tren que partió hacia Tiumen el 3 de julio de 1941 lo hizo con la momia dentro de un cajón de madera custodiado día y noche por la pareja de embalsamadores. En aquella remota aldea, las dificultades técnicas no se hicieron esperar. “Cuando tuvimos que echar mano de agua destilada, resultó que no había, y nos la tuvieron que traer

    en un avión especial desde Omsk”, comenta Zbarski entre risas. Para no levantar sospechas, el laboratorio fue habilitado en la Escuela de Peritaje de Agricultura de la población. Mientras los restos de miles de soldados soviéticos quedaban insepultos en el campo de batalla, el cadáver de Lenin fue tratado a cuerpo de rey hasta 1945, protegido por cuarenta guardias encabezados por el comandante del mausoleo de Moscú. Por aquella hazaña los Zbarski fueron condecorados.

    Pese a vérselas cuerpo a cuerpo con la momia durante 18 años, el embalsamador nunca tuvo acceso al cerebro del líder soviético, ya que desde 1928 se conserva en una solución de alcohol y formol, dividido en lóbulos y cubierto de parafina, dentro de una caja fuerte en el Instituto de Investigación Cerebral de la URSS. Entre sus muros, el prestigioso científico alemán Oscar Vogt intentó hallar alguna pista que vinculase la estructura del cerebro del revolucionario con su fecundo pensamiento. Después de cinco años practicando secciones histológicas (en total 30.963), el profesor no halló ninguna revelación. “Vogt dijo en una conferencia que había encontrado una circunvolución más ancha de lo normal y calificó a Lenin como un atleta de las asociaciones con el único objetivo de contentar al Politburó”, asegura el doctor Jordi Cervós-Navarro, catedrático de Neuropatología de la Universidad Libre de Berlín, que tuvo acceso al cerebro en 1974. “Es falso que tuviera sífilis. No había nada de eso”, afirma. Actual rector de la Universidad Internacional de Cataluña, el catedrático le echa un vistazo al cerebro del líder cada vez que viaja a Moscú. Ya lo ha revisado siete veces. “Se aprecia una pequeña lesión que le afectó a la carótida cuando en 1918 sufrió el atentado a manos de Fanni Kaplan”, apunta.

    Además de aquel intento de asesinato, posible origen de su parálisis, el sueño eterno de Lenin fue interrumpido en numerosas ocasiones. En 1934 un granjero llamado Mitrofane Nikitin quiso rematarle con una pistola. Los guardias lo impidieron, aunque Nikitin logró suicidase allí mismo de un tiro en la cabeza. En 1959, un hombre arrojó un martillo contra el ataúd de cristal y lo agrietó, proeza emulada un año después por un tal Mijailov, que rompió de una patada el sarcófago, lo que obligó a blindarlo a prueba de comunistas resentidos.

    Bolchevique con alma.

    Hoy, aquellos odios y pasiones han dejado paso a la indiferencia más absoluta, desinterés favorecido por la mano izquierda del presidente ruso, Vladimir Putin, que ha sabido contemporizar la cuestión sobre el entierro de la momia, calmar los ánimos de los comunistas y poner fin a los agrios debates de la era Yeltsin. “Creo que no forma parte de nuestras tradiciones ni de las de ningún pueblo civilizado. No tiene sentido conservar este símbolo del comunismo”, afirma Zbarski, quien no duda en distanciarse del ateísmo que le inculcaron de pequeño y afirma creer en la existencia de una “razón suprema”. ¿Tenemos alma? “Creo que sí”, contesta veloz. ¿Lenin también? “Probablemente”, responde tras tomar aire y respirar con fuerza.

    El influyente patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Alexis II, también lo cree así. Es más, ha llegado a decir que si la momia no es inhumada “su alma maléfica continuará cerniéndose sobre el país”. En respuesta al grito en el cielo puesto por los ortodoxos, Valeri Bíkov, el actual director del laboratorio, ha asegurado que la momificación “se ciñe a los cánones cristianos”, ya que la cripta se halla en el sótano del mausoleo, “bajo el nivel del suelo”.

    Si Lenin levantara la cabeza se quedaría de una pieza, cegado por el neón de las discotecas, las tiendas de moda y los restaurantes extranjeros que iluminan con su incesante parpadeo la noche de Moscú. Sólo los ancianos comunistas guardan la memoria de Lenin. La apertura de los archivos secretos del KGB ha teñido la laureada biografía del líder de la Internacional Comunista con manchas indelebles. Solapada hasta ahora por la perfidia sin límites de Stalin, Lenin se había salvado de la quema. Sin embargo, recientes investigaciones como la de la historiadora Hélène Carrère D’Encausse descubren en Lenin una mentalidad jacobina que no dudó en apisonar compatriotas en masa, como cuando ordenó aplacar a sangre y fuego el motín de los marinos de Kronstadt en 1921.

    Desde el pasado octubre, hordas de jóvenes pasan de largo ante el desangelado mausoleo (sin guardia de honor desde 1993) camino del Hotel Rossía. Allí forman cola para encomendarse a un espectáculo más carnal que el culto a la momia profesado por sus abuelos: los escarceos de los participantes de la versión rusa de El Gran Hermano, visibles a través de una pared de cristal. Quizá sólo una hipotética clonación del cuerpo del revolucionario, debate desatado en los 90, ayude a Lenin a revalorizarse en el competitivo ránking mediático.

    Fuente:

    http://html.rincondelvago.com

    http://www.publico.es

    Proyecto “Mausoleo”

    Hay una antigua tumba situada en la Plaza Roja de Moscú, justo en el punto
    centermost de la ciudad con una verdadera momia dentro. Sí, no es
    antiguo, por supuesto, es sólo 70 años, pero aún hay una tumba y una
    momia. Una momia de Lenin, el líder de los primeros comunistas rusos
    que conducir al país a la revolución y se rompió el reinado zarista por
    lo tanto, querer establecer la libertad de todos, como, los pobres.

    Esto es lo que cada chico Rusia Soviética se enseña en la escuela
    de su temprana edad. El nombre de Lenin fue considerada la más sagrada
    palabra, junto con su descripción. Si el alumno tiene como negrita, ya
    que, al igual que, aprovechando unos bigotes divertido en el libro de
    texto para el retrato de Lenin que podrían ser graves castigados,
    convocó a sus padres a la escuela y, a continuación, el informe
    especial se podría enviar a sus puestos de trabajo que podrían causar
    que se les disparó, o incluso encarcelados. En otras palabras todo lo
    relacionado con el nombre de Lenin era una vaca sagrada.
    Misma manera se habla de su tumba. Este lugar fue un verdadero
    santuario para las multi-nacionales de la Unión Soviética personas.
    Cientos de miles de personas cuando llegó a Moscú sólo tiene que
    visitar la llamada “mausoleo” y para obtener un rápido vistazo a la
    momia de Lenin de la mentira en virtud de la prueba de balas de espesor
    del vidrio. Para hacer que la gente tenía que permanecer muchas horas
    en línea a través de todos los de la Plaza Roja, pero se consideró el
    valor de este.
    Es interesante, pero aún hoy, veinte años más tarde, después de
    la Unión Soviética comenzó a derrumbarse, la tumba se encuentra aún en
    su lugar justo en la Plaza Roja y el cuerpo de la momia de Lenin sigue
    dentro. Y hay incluso líneas de los visitantes aún esperando su turno
    para pagar una visita a la líder comunista.

    La tumba fue construir de la piedra roja que se extraía en un sólo
    lugar en Rusia, en la aldea Shoksha de Karelia, y está siendo muy
    estimado por los diseñadores de lujo de arquitectura de todo el Europa.

    Plataforma en la parte superior, que fue utilizado por todos los líderes de la Unión Soviética para saludar a los soviéticos, mientras que el desfile de personas

    Mausoleo de Lenin, conocido también como Tumba de Lenin. Tumba de Vladimir Ilich Lenin situada en la Plaza Roja de Moscú.Desde que 1924 ha sido cuidadosamente vigilado, como así como embalsamado. Foto de http://viajes.lapipadelindio.com

    El moderno aspecto de esta estructura no nació así. Hubo un concurso
    en toda Rusia para el mejor diseño del futuro “mausoleo”

    Algunas de las fotos de las obras de los rusos del futuro mausoleo de Lenin.

    Ver  todas las imágenes

    Fuente: http://englishrussia.com